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jueves, 12 de mayo de 2011

Monte Perdido nos esperará siempre.



Caballo y yo llegamos como avanzadilla a Torla, última parada antes de adentrarte en Ordesa, y pudimos disfrutar de un paseo-calentamiento antes de la llegada del resto de los chavales.
El del hotel nos indico como llegar al valle de Otal, y hacia allí fuimos. Alubias con chorizo y 2 horas de aclimatación al ambiente y al fantástico paisaje de cumbres nevadas y arroyos y cascadas surgiendo de las inmensas rocas, regando los valles, llenando las fuentes, pintando nuestros ojos de verde y de cielo gris y blanco.
Con la llegada de los chavales, comenzaron las risas y los previos sobre casi todo: lo que nos encontraríamos, las botas de Rafita, lo que llevas, lo que te pones, lo que te quitas, lo que se queda en el coche, lo que no, lo imprescindible, las capas porque dicen que va a llover. (Y sorprendentemente aquí no fallan)
Cenamos en un restaurante recordando cosas de hace 10, 15, 20, 25 años, pero juntos seguimos estando un poco en la edad del pavo, algunos tomaron pasta, otros pollo mar y montaña, al Niño no le gusto el primer vino, ni el segundo, y Raulito y Tuco ganaron a los dardos. Copita y a la cama.
Reparto de habitaciones triples:
En principio le dije a Caballo que yo con los pequeños y él con los pollitos, pero me dijo que ni de coña, que se quedaba conmigo, así que dejamos a Rafita con los pollitos.
Nos levantamos con hambre, desayunamos, nos guardamos algunas galletas porsiaca, Rafita se fué a comprar las botas (menudo tema!!!), regogimos el pic-nic y cargamos los coches.
TODO LISTO!!!...
Como habían anticipado, empezó a llover, una lluvia que nos acompañaría toda la jornada, una lluvia que convirtió el recorrido en otra cosa, una prueba de la que creo ninguno nos vamos a olvidar.
Las fotos hablan por sí solas por lo que no voy a hacer descripciones de aquella maravilla.
Agua, agua, agua, bosques, senderos, unos amigos, unas mochilas llenas, y un destino de altura.
Cuánto más nos acercabamos a Cola de Caballo (y no es coña), más llovía, cuánto más nos acercabamos al final más lejos parecía.
Hicimos una parada en un Abrigo, que es una pequeña cabaña para refugiarse, y nos comimos el bocata rápido y mal, junto con otras tantas personas que hacían lo mismo, preparandose para el asalto final. Yo en ese momento ya tenía los pantalones totalmente calados, la capa rota y unas ganas locas por llegar cuanto antes al refugio de Góriz.
A partir de Cola de Caballo la gente se divide entre los que se dan la vuelta y los que continúan hacia el refugio, a 2200 metros de altura, y nuestro destino se vestía de adelante, hacia arriba y mojados hasta las trancas.
Existe un camino alternativo, más directo, por unas clavijas, por la zona más vertical, pero nosotros ni estamos preparados, ni la situación favorecía experimentos, así que subimos senderillo arriba, zigzageando por la sinuosa y rocosa senda GR.
Al llegar a un descanso, una praderita verde acompañada de unas cabritas nos estaba esperando amistosa, quizá esperará comida, pero cualquiera abría la mochila con la que estaba cayendo.
Yo miraba mi saco, que me lo subía Caballo, y no me lo podía creer, la capa le molestaba, y mi saco chorreaba que daba gusto, no quería pensar en la noche, pero todo parecía que iba a resultar un pequeño desastre.
Mi pantalón no es que estuviera empapado, con la altura, el aire ya no era tan agradable, y el frío empezó a hacer su aparición, llevabamos la consigna de ir juntos pero no podía más, e intenté llegar cuanto antes, casi medio corriendo, como en las carreras de montaña.
Y LLEGAMOS...
Al llegar al refugio te tienes que quitar las botas, colocarte unas chanclas rosas, meter los crampones y el piolet en una taquilla, colgar la capa y después entrar al calor de una minúscula calderita.
Las cuerdas para tender la ropa ya estaban ocupadas por los que llegaron antes, gente más joven y con menos masa corporal que mover, más ágiles y más listos.
Nos cambiamos de ropa (el que pudo) y nos sentamos a comer cacahuetes y pasas, y jugar a las 7 y media. Empezó a nevar...
ESTILISMOS:
Tuco: El impermeable, menuda chupa y menudos pantacas, ni lluvia ni leches, seco y preparao.
Como si no pasara absolutamente nada, como en casa.
Niño: El guapo no defraudo, pantacas montaña y varias chupitas, incluso secas, en líneas generales como un pincel. Llevaba una mochila de 80 kilos.
Rafita: El boy scout del grupo, pinta de chavalito que se va de campamento, al final nos hizo caso, no se separó de su bolsita de tabaco y de sus filtros, no así de su mechero, no perdió el palo de su padre, bien.
Raulito: Es la única persona que conozco a quién algo le queda perfecto por detrás y alucinante por delante, su rollo es el vintage, pañuelito ochentero, y aire de morralero de los de antes, de los que iban a Sanrafa hace tiempo. Único colocandose las cinchas de la mochila.
Caballo: Con buff, con las gafas blancas, mojado, seco, subiendo, bajando, ha nacido para llevar botas gordas y las luce como un campeón, le deje una camiseta húmeda y le parecía seca, los pantacas montaña le sentaban como un guante, en la foto de grupo no lleva una bota, ¿querrá decir algo?
En mi caso quiero destacar mi modelito en el refugio: leggins viejos grises de Raquel, zuecos rosas del refugio (como todos), camiseta técnica de correr azul y roja, gorrito de lana y a veces buff naranja (como Caballito), vamos, como un bailarín venido a menos en un descanso de la compañía.
NOCHE:
Preguntar a Raúl.
Los de los pedos, los de las risitas, los... preguntar a Raúl.
Litera corrida para 6 morlacos 6.
EL ATAQUE:
Nos levantamos a las 7, me quito los tapones y bajamos a desayunar, el día es perfecto, soleado, luminoso, lo que dijeron y lo que necesitamos.
El Niño se come 7 bollos pasados de hacía 14 días, aquí todo sabe rico, estamos en Los Pirineos!!!
Preparamos crampones y piolet, sin ninguna conciencia cargamos con las mochilas petadas, yo personalmente cargada con toda la ropa mojada, pero así somos y para eso hemos venido.
Raúl y Rafita deciden no subir y disfrutar de la nieve cercana y del paisaje.
Caballo, Tuco, Niño y yo comenzamos la subida, nos colocamos los crampones pronto, y empezamos a subir a buen ritmo.
¡Tuco, atravesamos por ahí hasta allí!
Y Tuco tira por la calle de enmedio y a subir de frente, como unos campeones, por ello no encontramos la huella de los que sabemos delante hasta más tarde.
Cuánto más subimos más espectacular se vuelve todo y más alejado queda el valle por dónde nos arrastramos el día anterior. Nunca me he sentido tan lejos de todo y a la vez tan feliz.
El ritmo me pasa factura, y poco a poco voy bajando el ritmo, hasta ir siempre unos metros por detrás, mi corazón no se recupera con los pequeños descansos y ante una taquicardia que no me mola nada, les digo a los chavales que me planto, encontramos un sitio perfecto, con un arroyo que surje de la nieve y unas rocas donde poder sentarme, secar la ropa y tomar el aliento necesario para recuperar mis pulsaciones.
Continuan Caballo, Tuco y el Niño, tres puntitos se alejan de mí y no volverán hasta poco más de una hora después. (foto)
Mientras espero me bebo tres litros y medio del mejor agua que me he bebido en mi vida.
Pura Vida!!!
Las condiciones arriba no son del todo buenas, y las indicaciones de los guías que iban por delante y la falta de agua, hace que la cumbre quede pendiente para otra ocasión. Bravo por los tres representantes del PMNS que superaron los 3000 metros.
La bajada es más divertida y amortizamos el curso de Alpinismo, nos bajamos deslizandonos culo abajo usando el piolet como freno, menos el Niño, que usaba los bastones y esquiaba con gran estilo y decisión.
Caballito va perdiendo todo en la bajada, con sus habituales bolsillos grandes, no cerrados o directamento volcados. No sé ni cómo recuperé la brújula que ví tirada cuando bajaba lanzado por esta montaña que ya para siempre formará parte de nuestra vida (juntos).
En el refugio nos esperan los chavales y unos huevos fritos con jamón.
Preparamos las mochilas, guardamos equipo (la pérdida de algo nos supondría perder una fianza de unos cientos de pavos), y nos despedimos del refugio y de los compañeros.
Retrocedemos camino, está vez con más luz, con sol (preguntar al Niño) y con un paisaje muy diferente del que disfrutamos en la jornada anterior.
Tres horas y media después llegamos al parking, con ganas de quitarnos las botas, finalizando nuestra aventura, diciendo hasta luego a Los Pirineos, también a las cabritas, y a las marmotas, y a los quebrantahuesos, y a las edelweiss, y al Monte Perdido.
Quiero acabar con una cita de una de las canciones que fuimos gritando en el camino de vuelta, pero para no darle la razón, la canción es de La Granja, un grupo antiguo, que decían:
"Fuimos chicos rebeldes, de futuro prometedor, brillantes ilusiones que han quedado en nada, en una triste canción"
Sí, fuimos chicos rebeldes, seguimos teniendo un futuro prometedor, las brillantes ilusiones siguen teniendo posibilidades, y de tristes nada, nos quedan por escribir un montón de canciones, buenas y alegres, nuestras y eternas, como las cumbres que han perfilado este fin de semana.

1 comentario:

  1. Caballo el de una sola bota15 de mayo de 2011, 23:36

    Relata cabron, Relata, que se te da bien Hijoputa, no te has dejao casi na' y es dificil ehh¡¡¡¡¡ bueno quizas por poner un pero, en los estilismo, se te olvido el traje de Spiderman del Tuko, JEJEJEJE. Enhorabuena Tecnico en Emergencias.

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